viernes, 22 de marzo de 2013

La poesía de Todos somos sospechosos (Radio 3)


Cuando escribo no lo hago para nadie más que para mí. Sólo estoy yo y esa voz dentro que es una enorme sinfonía que busca de algún modo el lenguaje para hacerse real. Siempre busco el swing del que habla Cortázar, encontrar en cada uno de nosotros ese instante que nos hace hermosos. Al terminar el texto y subirlo al blog de algún modo deja de pertenecerme porque entra a formar parte del reino de la vida secreta de quien lo lee: sus dramas y sus risas, sus amores rotos o sus amantes, todas las pequeñas traiciones o todas las promesas que nunca se pudieron cumplir, se mezclan con unas cervezas que bebes en la barra, o con la gasolina que repostas, con esa película en blanco y negro, con una conversación caliente por teléfono mientras tu pareja duerme. Leer no es nunca interpretar al autor, sino a nosotros mismos respecto a lo que el autor nos cuenta.

Lo que no imaginas es que un texto que escribes sin nada más que en subirlo al blog, unos meses después sea leído por quien lo inspira.

Esta reciente madrugada en las noches de Radio 3, “Todos somos sospechosos” presentado y dirigido por Laura González (a quién agradezco su reacción espontánea y enormemente halagadora tras la lectura), cuenta con una colaboradora que una vez por semana trae grandes poemas de amor y deseo, de amantes que se buscan y algunos se encuentran, porque somos de carne y hambre. Esta noche Cristina Garrote ha leído uno de los textos publicados en este blog. Exactamente su texto.

Su regalo es inconmensurable, hermoso. Inmenso. Hay violines ahí afuera donde ha quedado un resto de lluvia.

Es cierto que cuando escribes lo haces no pensando en nadie, pero también es cierto que la idea de ser capaz de cambiar de algún modo a alguien del mismo modo que a mí me ha cambiado Kundera, o Baudelaire, o Bukowski, o Fonollosa, o Kristoff, o esa novela de Sam Shepard que me regalaron, es embriagadoramente hermosa porque es el principio de la invención de la poesía. Así es como cada semana Cristina inventa las bocas de amantes invisibles usando su voz como puente entre un mosaico de ventanas y un beso.

Porque sucede que la pasión por leer o por escribir es siempre un proceso de aprendizaje. Como cuando descubres el sexo desnudo del amante. No conozco a nadie que se aprenda en una sola noche, pero sí a quien se toma el tiempo preciso para aprender y equivocarse. El hermoso error que debería ser visto con más indulgencia, esa imperfección tan erótica y deseable. Ese momento que me hizo despertar de madrugada para escuchar a quien aprende a bailar con el mundo y darle aliento, y acabar arrastrado no sé si por un mar o un abismo. Sí por una inmensa y extensa sinfonía.

Escucha el podcast del programa aquí: TODOS SOMOS SOSPECHOSOS: DÍA DE LA POESÍA GAMBERRA.