miércoles, 27 de junio de 2012

Juan Luis Galiardo

Juan Luis Galiardo (San Roque -Cádiz- 2 de marzo de 1940 - Madrid, 22 de junio de 2012)


Siento debilidad por el actor teatral más allá de cualquier otro tipo de forma de interpretación. Tal vez sea porque el teatro aún siendo tan artificioso te acerque de un modo único a la vida, o quizá sea porque esta se manifieste de un modo más profundo en la entrega con que un actor de teatro lo hace para su oficio, ese juglar moderno que en no pocas ocasiones es portador de palabras antiguas, de viejos argumentos como las ruinas del Partenón, de la voz de un autor. En realidad, de la única voz posible ni siquiera imaginada por el autor.

Así es como otro de los últimos grandes actores de teatro, de series de televisión y de cine, nos deja con ese aire suave a nostalgia, esa forma esperpéntica y exagerada con que mostraba su pasión por lo que hacía. Por la vida en general. Acudir al teatro, ir a ver un estreno, la música de los aplausos. Todo eso imagino, y también lo que sucede detrás, cuando te bajas del escenario tal y como cantó Enrique Urquijo: las dudas, el miedo, historias de un adolescente cuyas heridas aún están cerradas, todas las mujeres a las que no supo amar, o no comprendió, y también a quienes amó con la misma intensidad con que actuaba, la misma dedicación, esa devoción única y a la vez tan común a todos. El humor y la risa, de sí mismo, esa deliciosa ligereza que hace de todo un vuelo a un palmo de la tierra sin salir de la tierra. Todo eso se marcha con este actor. Después de todo un buen actor, un gran actor, sólo puede serlo si es tan humano como todos y cada uno de nosotros para que la función sea tan imperfecta y deliberadamente abierta al diálogo, como cuando besamos de esa forma a quien ahora quisimos besar y sin embargo.
 
 

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