lunes 2 de enero de 2012

Viejos poemas de lumbre y arena (38)





Es cierto
Que no he sobrevivido
A ninguna guerra.
Es cierto
Que no sé a qué huele
La carne recién quemada,
Ni lo que significa ser observado
Por ese tipo que escucha junto a la pared
Para hablar de ti ante el Partido.
Vivo en un lugar donde el agua corriente
Es tan normal
Que me sobrecoge pensar en la gente normal
Que no sabe que tener agua corriente,
Incluso sólo agua fría,
No es tan normal
Si se amplía un poco ese punto de vista.
Ahí afuera hace demasiado frío,
Tanto que ya no sé lo que significa el sabor de la simple caza,
No saber lo que es ser servido en un hotel,
Viajar en avión,
Coger un autobús que me lleve a la otra punta del país.
Todo eso que parece normal
No lo es.
De manera que cuando te veo rota o perdida,
Cuando veo que trabajas
En un mundo en el que sólo hablan quienes tienen algo,
Pienso en ti
Tan callada,
Sin posibilidad de tener voz
Aún cuando los que se creen normales dan por hecho que la tienes
Y lo cierto
Es que sólo te oyen hablar quienes están al alcance de ti cuando hablas.
Entonces
Lo único que se me ocurre ahora
Sabiendo que como tú también moriré
Y que nada quedará de mí ni la memoria de quienes
Quisieron amarme,
Es convertirme en ti
Para cantar contigo
Mientras nos reímos un poco de los que tienen voz
El viejo blues de los campos de algodón.


2 comentarios:

Maribel dijo...

Estremece pensar en todos aquellos que tienen menos aún que los que seguimos contando con lo básico. Solo nos quedan las risas y la música si bien estas tengan a veces un trasfondo de dolor como un blues o un gospel dirigido a un Dios que probablemente tampoco exista. Pero reiremos porque, como bien dices, no tenemos voz y no podemos hacer más que sobrevivir. Uno de mis personajes favoritos, Mitch Kelly, salía a hurtadillas por las noches para escuchar escondida en el jardín de algún vecino a un tal “Motsart” por la radio. Creo que seguiré buscando yo también en ese medio (pero sin salir a buscar un jardín porque ya solo los tienen los que pueden blindarlos con fieras y ayuda económica de un gobierno de desalmados), a falta de ese Dios desaparecido en combate, quizás a algún humilde párroco que aún conserve el don de hacerme reír.

Besos :)

Luis Sevilla dijo...

Maribel: Me encanta esa imagen de Mitch Kelly que describes por su autenticidad: despoja a la música de todo nombre para sencillamente hacer de ese instante furtivo un auténtico e íntimo festín.

Un besazo :)