domingo 27 de noviembre de 2011

El octavo viaje de Simbad

El ladrón de Bagdad (1924) Dirigida por Raoul Walsh


Por un instante Simbad no está sentado en el muelle donde ve los barcos zarpar de la ciudad de Bagdad. No masculla a Alá su mala fortuna, y no pasa junto a él un mercader que atiende a su mismo nombre y que por azar le acaba invitando a una de esas tardes en las que por un instante la vida parece transformada en un poema sinfónico de Ravel. Entonces está bebiendo té cuyas hojas parecen hacer sido seleccionadas por Shen Nung, y así es como Scheherazade pasea entre esos dos hombres cuyos nombres se mezclan y en el agua hervida el mar. Un barco saliendo del puerto, donde sirenas y genios o islas que son ballenas, donde países cuyo lenguaje se inscribe en viejas piedras y cada anochecer de cada día la esclava que le sirve té besa su boca y se esfuma a la mañana siguiente dejando un rastro de perfume y esa sensación. Así es como en su octavo viaje del que no suele hablar y poco se menciona, regresa con la única ofrenda al califa cuyo dolor hace estremecerse a las esfinges. Sabe que no deja nada, salvo la historia de siete viajes y ningún descendiente que le llore o le vaya a visitar a su tumba. Y mientras la ve marchar a su nueva vida, se sienta en el muelle donde ve zarpar todos los barcos que le llevarán de una vez por todas lejos de Bagdad, donde la nieve cubra los minaretes y entierre al desierto que se extienda donde se acaba el mar.

2 comentarios:

Lupe Soto dijo...

Este octavo viaje estaba pendiente, y tu lo has descubierto...muy profundo.
M e ha recordado un mar nocturno, en el que se reflejaban la luna y las luces...

besazos

Luis Sevilla dijo...

Lupe Soto: Seguramente Simbad haría más viajes de los que pudo conocer Scheherezade. O tal vez se hizo Sultán de un reino remoto. O quizá no regresó nunca y su viaje siguió por los paisajes exóticos de escritores como Dumas, Verne, Wells o quizá en un misterio...xxD

Besossss