Sobre una obra del escultor Rogelio Fortes


Escultura obra de Rogelio Fortes
Pensaba haber hecho esta fotografía de esta escultura de Rogelio Fortes como otras muchas de esculturas que he visto por ahí: un telón neutro, probablemente una sábana blanca o una camisa negra si la luz es lo suficientemente buena, y nada más que destacar más que el primer plano de un detalle preciso, ese giro casi de ballet en el que el Espartaco de Khachaturian da la espalda a la bailarina y el escenario se convierte en un prado inmenso cuya vista se pierde en la noche que va cayendo con su arpegio de fatalidad. Sin embargo no lo hice.
A veces leo los artículos que publica Antonio Muñoz Molina en El País. Me suelen resultar más interesantes que sus novelas por lo que estos tienen de conciso, la lírica íntima del ser humano desnudo descubierto en unos pocos párrafos que suelen ser la narración de un viaje. Así que he pensado en los artículos de Muñoz Molina como en esa clase de cuentos que Sheherezade le contaba al sultán para no morir. Y si bien ella llenaba de erotismo los ojos del amante no deseado, Muñoz Molina te acaba contando cuentos en esos breves artículos llenos de una belleza que sólo se puede comprender si tienes la capacidad de ver el mar.
De manera que he mirado una vez más las esculturas de Rogelio Fortes, y he comprendido que el lugar que ocupan en mi propia casa es el lugar que le ha de corresponder en la fotografía. Porque intiman esos ancianos con los libros, el beso a medias o la mejilla de él sostenida en el aire. El trazo brusco de sus cuerpos como si el tiempo pesara más sobre nosotros que sobre ellos. Y todo ese hierro y barro que les da vida de un modo que a nosotros se nos escapa como el primer beso cuando eras un adolescente o el olor preciso de su perfume en su cuello. Casi como si Simbad hubiera visto en su primer viaje la vejez que le espera, todos los amores que olvidará por el camino, y ya en un museo Antonio Muñoz Molina le viera ahí expuesto por obra de un curioso acuarelista que se echó a nadar después de haber retratado la espalda desnuda de una mujer a quien no se pudo permitir amar jamás.
A veces leo los artículos que publica Antonio Muñoz Molina en El País. Me suelen resultar más interesantes que sus novelas por lo que estos tienen de conciso, la lírica íntima del ser humano desnudo descubierto en unos pocos párrafos que suelen ser la narración de un viaje. Así que he pensado en los artículos de Muñoz Molina como en esa clase de cuentos que Sheherezade le contaba al sultán para no morir. Y si bien ella llenaba de erotismo los ojos del amante no deseado, Muñoz Molina te acaba contando cuentos en esos breves artículos llenos de una belleza que sólo se puede comprender si tienes la capacidad de ver el mar.
De manera que he mirado una vez más las esculturas de Rogelio Fortes, y he comprendido que el lugar que ocupan en mi propia casa es el lugar que le ha de corresponder en la fotografía. Porque intiman esos ancianos con los libros, el beso a medias o la mejilla de él sostenida en el aire. El trazo brusco de sus cuerpos como si el tiempo pesara más sobre nosotros que sobre ellos. Y todo ese hierro y barro que les da vida de un modo que a nosotros se nos escapa como el primer beso cuando eras un adolescente o el olor preciso de su perfume en su cuello. Casi como si Simbad hubiera visto en su primer viaje la vejez que le espera, todos los amores que olvidará por el camino, y ya en un museo Antonio Muñoz Molina le viera ahí expuesto por obra de un curioso acuarelista que se echó a nadar después de haber retratado la espalda desnuda de una mujer a quien no se pudo permitir amar jamás.


4 comentarios:
La mirada que Antonio Muñoz Molina posa sobre todos los seres, el arte y las cosas es tan especial que a mí no me basta con sus artículos en "El País" y me confieso devota de su literatura.
Sin embargo, a quienes gusten de cuentos breves, de arte y de buena música, recomendaría su blog y a ti en particular un apartado del mismo que se denomina "el blog de los lectores" en el que el escritor da voz y espacio a quienes quieran postear allí. Cada vez que lo leo pienso lo mismo: "Luis debería publicar algo aquí".
Obviamente pido disculpas por la sugerencia no solicitada pero me resulta imposible contener el ansia por leer a quienes escriben bien, conocidos o no. :)
He tenido la oportunidad de admirar "in person" la obra de Rogelio y es algo excepcional, ruda, trazos profundos,huellas de las manos que crean, la grandiosidad de algo está en saber tocar el alma de quienes las admiran, sea escultura..literatura...el tema es conseguir asombrar....y crear un ambiente intimo entre obra y observador.
Gracias por la aportación.
un beso Luis.
Maribel: Nada de disculpas, me encanta leerle y cualquier cosa que me acerque por supuesto que me encanta.
Un besazo
Lupe: Si que es una obra de una gran fuerza expresiva. No es nada fácil retener lo cotidiano, lo que parece que se mira y sin embargo no se ve.
Un beso
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